La joven que trabaja en busca de la paz

Fabiola Pérez realiza acciones sociales bajo el principio de mejorar las condiciones de vida de personas como base para alcanzar el desarrollo y la paz

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Nadie es tan pobre que no tenga para dar.

El sonido de la frase corta de tajo el ruido envolvente de ciudad.  La ha pronunciado Fabiola Pérez. Alta, algo delgada, tiene esa voz de tono preciso y fuerte que se hace escuchar en el barullo.

Mientras se disuelve la voz, vemos pasar niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres, oficinistas, vendedores, estudiantes y meseros, serios, risueños y preocupados. Estamos bajo el toldo de un café en el centro de la ciudad.

Tuxtla Gutiérrez tiene casi 600 mil habitantes, dice el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI), de acuerdo con datos del último Censo, pero hace mucho que entre la gente se estima que ya alcanza el millón de habitantes.

Fabiola Pérez es una joven que busca incidir en la paz y el desarrollo de su comunidad.

 

Tiene 29 años y es la primera de tres hermanos. Nació en una comunidad del municipio de Ixtapa, a casi una hora de carretera de Tuxtla Gutiérrez, pero desde niña vive en una colonia que queda en el cinturón periférico de la ciudad.

Con estudios de Biología, recientemente concluyó un diplomado bajo los auspicios de unas organizaciones, entre las que destaca Iniciativa Witaker para la Paz y el Desarrollo (WPDI), del actor estadounidense Forest Steven Witaker.

Su compromiso es desarrollar un proyecto social que busque mejorar las condiciones de vida de familias de una comunidad, bajo el principio de que para lograr la paz se deben atender primero las necesidades básicas de las personas, como la alimentación, el techo, la salud. Pero este no es el primer trabajo comunitario que desarrolla.

Fotografía de visita Chiapas

Fabiola Pérez inició con los trabajos de carácter social apenas concluyó sus estudios de Biología. Identificada por algunos de sus académicos como una alumna destacada por su liderazgo, la invitaron a formar parte de algunas expediciones a comunidades de Chiapas. Así fue como se vio por primera vez en las localidades ubicadas al margen del río Grijalva, en la zona de la presa Chicoasén, intentando con otras compañeras y compañeros poner en marcha proyectos que buscaban mejorar las condiciones de vida de las familias.

No y no y no, dijeron algunas personas de esas localidades.

Y ahora que recuerda lo que ocurrió con ese intento de poner en marcha proyectos se le dibuja en su rostro cierto rictus de mal recuerdo.

Cuenta que las personas de esas comunidades querían empleos.

Tras la retirada de esa zona al margen del río Grijalva, Fabiola Pérez continuó con algunos proyectos comunitarios encabezados por investigadores de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, hasta que hace unos tres años pasó a formar parte de la organización civil Tlahtolli, que promueve en niños y niñas la educación y el cuidado del medio ambiente a través de talleres.

Fabiola Pérez es la promotora de las actividades de Tlahtolli en Tuxtla Gutiérrez, toda vez que la organización tiene mayor presencia en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Pero ella, entre otras actividades en la capital del estado, ha coordinado talleres con niños y niñas en su comunidad, principalmente enfocados al conocimiento del uso de hierbas como medicina alternativa y el aprendizaje mediante el cine en casa.

Dice que a través de los niños se puede construir conocimientos con las familias, porque muchas veces es difícil llegar directo con los adultos para incidir con un enfoque de vida que privilegia el respeto al medio ambiente. De esa manera, en la cuadra de su colonia, en Las Granjas, por las tardes ha impartido pláticas y talleres a los niños y al día siguiente, cuando ellos están en actividades escolares, invita a las madres y a los padres para que acudan a conocer las actividades que sus hijos han realizado.

Y ahora, como parte de un equipo de constructores de paz y desarrollo, formados a través del diplomado, busca desarrollar un proyecto que enseñe a los liderazgos de su comunidad las alternativas a la salud que representan las plantas medicinales, además de que aprendan a procesarlas.

Entre los talleres que ofrece Tlahtolli está el de procesamiento de plantas medicinales.

Lo que se busca es el uso sustentable de los recursos naturales para fines medicinales. Y como parte de este enfoque, se suma el trabajo coordinado que desarrollan con la marca LTH que distribuye alcancías creadas con el recipiente de las baterías. Tlahtolli recibe las baterías alcancía y las regala como maceteros a la vez que promueve la siembra de semillas de plantas medicinales, como el cempasúchitl, el epazote.

Tras un largo tiempo de gestión, los cinco integrantes de Tlahtolli han logrado de parte de la marca el compromiso de fabricar alcancías con material reciclable para no dañar el medio ambiente, porque un recipiente de plástico al final se termina convirtiendo en residuo sólido.

Y cuando menciona ese logro, Fabiola esboza una sonrisa.

Fabiola Pérez es de las personas convencidas de que cuando se quiere hacer algo bueno se hace.

Y cuando lo dice, menciona la labor de voluntariado que realiza en el municipio de Jiquipilas bajo la supervisión de un párroco.

En una comunidad ella y otras personas trabajan con mujeres enfermas de la diabetes; desarrollan proyectos productivos con ellas, con el fin de revitalizarlas. Buscan que lleven, a la par de sus tratamientos médicos, una vida integrada a una comunidad.

A ellas y a las actividades de Tlahtolli se ha dedicado, mientras espera validen la viabilidad de su proyecto como constructora de paz en su comunidad.

Pero al final, termina por decir que si no logra la aprobación de su proyecto, ella lo pondrá en marcha para compartir los conocimientos sobre el uso y procesamiento de plantas medicinales.

Nadie es tan pobre para no tener que dar, dice.

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