La inspiradora historia de Abel

Salvó la vida de un grave accidente, aprendió realmente a vender y es ahora dueño y rector de una importante universidad

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Abel Lara Sangeado

Justo inscribió a un nuevo alumno antes que iniciara esta entrevista. Rector de una universidad semiescolarizada y en línea, Abel Lara Sangeado recibe desde su oficina. Esta es un modesto espacio donde cabe lo necesario: un confortable sofá, un pulcro estante y las sillas y mesa. Lo demás, en un centro educativo que es prácticamente virtual, está en esa computadora de amplio monitor que sugiere comodidad hasta para ver cine y en el que al final activará un buscador satelital para posicionar el lugar de donde él proviene.

Nació en el municipio de Pichucalco, esa extensión de tierras ganaderas y de cultivos agrícolas que queda en los límites de Chiapas con el estado de Tabasco, en el sur de México. En un rato esbozará lo que él sabe de su árbol genealógico que por el lado materno viene de una familia hacendada que tuvo sus dominios antes de la revolución mexicana. Pero a él, desde niño le tocó ver y vivir el esfuerzo de su padre Abel Alfredo por construir lo suyo y de su madre quien contribuía en el bienestar familiar con los productos del huerto y del traspatio.

Abel Lara
Pichucalco

Dice que él trae en los genes eso de emprender negocios, porque en su familia siempre se ha hablado de emprendimientos. Segundo de cinco hermanos y menor de todos los primos, siempre escuchó los elogios que se prodigaba a los más grandes: que si alguien ya terminó una carrera, que si otro se compró un automóvil y que si alguien más adquirió tierras. De manera que fueron cobrando fuerza en él el esfuerzo y la persistencia. De hecho, la cercanía con la gente que él llama inspiradora en su vida, se acrecentó luego del accidente que por poco le cuesta la vida. Le cayó encima una olla de maíz hirviendo cuando apenas rebasaba los cuatro años. Estuvo cinco días inconsciente en el hospital.

Cuando despertó de ese accidente, se le había afectado la voz. Y esta tarde de martes, mientras relata ese suceso, se ríe del ligero tartamudeo. Dice que ha sabido sacarle provecho, porque cuando está en una conferencia o ante cientos de personas en algún evento, nota cómo le ponen atención a las cosas que va diciendo. Abel Lara aprendió muy de niño a buscarle salida a las adversidades y vislumbrar las oportunidades. Eso es lo que posteriormente lo llevó a convertirse en un rector joven de una universidad privada que él apoyó a abrir plaza en Pichucalco. Desde ese encargo notó que en Chiapas se requería de una universidad privada más humanista, idea que lo llevó a que fuera expulsado de esa institución por unos directivos, mas no por el dueño.

Fue a una primaria de tres salones, donde los alumnos de quinto y sexto aún estudian en el aula con piso de tierra. La ranchería Mariano Matamoros, sede de esa escuela, tampoco ha superado sus 120 casas. De esa institución fue comandante de la escolta y en la secundaria lideró la banda de guerra. Y en la preparatoria, en semestres avanzados paso a formar parte de un grupo de cinco alumnos que había optado por un perfil académico administrativo. De esos compañeros, ha visto a uno y ha perdido pista del resto. A sus 18 años, partió del rancho para estudiar Ingeniería Civil. En esta carrera notó con claridad la necesidad y oportunidad de complementar sus estudios. Así fue como llegó al aún naciente sistema semiescolarizado de la Universidad Valle del Grijalva (UVG).

Abel LaraAbel Lara Sangeado relata que la UVG le dio la oportunidad. Y cuando le pregunto el por qué enfatiza en eso de que esa universidad le dio la oportunidad, responde que eso ha sido una parte importante de lo que ha cambiado su vida y la visión que tiene de acercar la educación superior a las personas que quieran seguir preparándose. Todos los sábados en la tarde noche viajaba de Pichucalco a Tuxtla Gutiérrez, de cinco a seis horas de carretera, para asistir a clases de Contaduría Pública al día siguiente. Cuando concluyó con los estudios, la universidad lo invitó a colaborar para abrir la plaza en su zona. Y como notaron que era muy conocido en su municipio lo nombraron, a sus 26 años, rector de la UVG en Pichucalco.

A sus 29 años, tuvo en claro la idea del modelo de universidad que quería tener. Su proyecto fue recibido con animadversiones por otros directivos. Al poco se vio sin trabajo y quiso ponerlo en marcha de inmediato. Le dieron la oportunidad de abrirla en Oaxaca pero no se concretó, luego en Chetumal y tampoco. No tardó en verse sin dinero. Entonces recordó la oferta que un gerente de una agencia automotriz le había hecho, a quien había conocido cuando aún era rector por la compra de una camioneta. Se trataba de ir como vendedor de piso de esa agencia ubicada en Tabasco. Durante los cuatro años posteriores disputó el primer lugar de ventas, con un automóvil colocado mínimo cada dos días.

En esa agencia supo lo que es vender. Aprendió que para ser un buen vendedor sólo hay que seguir primero un sencillo paso: Hacer caso. El que no hace caso, no vende. Su maestro en ventas, el gerente de esa agencia, el mejor vendedor que ha visto y conocido, le enseñó que siguiendo al pie de la letra los siete pasos de venta y más el octavo que es oro molido, se hace un buen vendedor. Así, el hijo de Abel Alfredo Lara y Luis Sangeado conoció con precisión el cómo identificar las necesidades de los prospectos para la venta.

Llegó a Tuxtla Gutiérrez en 2008 para abrir su propia universidad. Lo inició con 60 alumnos semiescolarizados. No conocía otros municipios de Chiapas, como ahora que ha recorrido los más de 120 y sabe dónde se come rico y en qué tramos carreteros hay más topes y baches. Había planeado arrancar diez años después la universidad en línea pero los rápidos cambios en el mundo del internet modificaron los tiempos de su proyecto. Fue así como la Universidad CEUSS se inauguró como institución de educación superior en línea en 2012. Ahora tiene alumnos de 18 estados de México, además de países como Madrid y Colombia y mexicanos que viven o trabajan en los Estados Unidos.

En diez años se ven los resultados de algo que en su momento aprendió bien. Y lo dice con esa alegría que lo muestra satisfecho con los logros pero inspirado por los mismos a seguir avanzando. Sabe que cada momento y tiempo requiere de una atención diferente, y por ello dice que CEUSS se innova constantemente en la forma de acercar la preparación a las personas, porque la universidad es de las personas que quieren prepararse. Y en esta parte habla de lo que ha permitido crecer a la universidad que como parte de sus principios tiene el no anunciarse, porque un buen producto se recomienda solo y las cosas buenas se van cociendo lentamente. Así es como CEUSS se recomienda de boca en boca.

Abel LaraEsta tarde, por ejemplo, lo dice con cierto dejo de convencimiento de que todo marcha por buen camino, a la universidad, la que en su nombre integra los valores Compromiso, Empatía, Unidad, Servicio y Unidad, se ha inscrito un joven futbolista profesional del equipo de Veracruz y seleccionado nacional de la Sub-20. Lo ha inscrito Abel Lara Sangeado, el rector que desde un sencillo cubículo, al fondo de un edificio en el que se observan otros amplios espacios u oficinas, cuenta sobre lo bien que pueden salir las cosas cuando algo se aprende bien.

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