Un viaje al fin del mundo por la Cordillera de los Andes

El deportista extremo Adrián Zenteno Estrada salió de Chiapas, México en una motocicleta 125, con el sueño de llegar a Ushuaia, Argentina, y terminó corriendo 840 kilómetros de la Cordillera en Ecuador

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Adrián Zenteno. Foto: Cortesía

Era miércoles 4 de octubre cuando el deportista extremo Adrián Zenteno Estrada se despidió de Denise Cassar en Quito y comenzó el ascenso de la Cordillera de los Andes.

Su viaje en una motocicleta 125 había terminado mucho antes de llegar a Ecuador y ahora estaba metido en la aventura de una carrera pedestre que terminaría un mes después en la frontera con Perú.

Adrián Zenteno, originario del municipio de Berriozábal, Chiapas, había partido del sur de México en motocicleta el 23 de abril de 2017 con destino a Ushuaia, Argentina y, tras meses de dificultades en el camino, se había encontrado con Denise en Nicaragua, una chica de Malta que en la primera semana de la carrera le confesaría su embarazo.

Inicialmente, el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) le había indicado 750 kilómetros de trayecto de Quito a Macará, en la frontera con Perú, pero un error de enfoque y cálculo le representó 90 kilómetros más de carrera.

Terminó corriendo 840 kilómetros de Los Andes en 30 días.

Foto: cortesía

Adrián Zenteno cuenta sobre esa aventura mientras conduce entre dos pueblos en la zona centro de Chiapas.

Es tarde de sábado y está de regreso de otra aventura; tras ese viaje por los países centro y sudamericanos que lo llevó hasta Europa, Adrián Zenteno se sumó a las expediciones que realiza el reconocido espeleólogo Paco Méndez en Chiapas.

Este día lluvioso han visitado la Sima de las Cotorras, un atractivo centro ecoturístico ubicado en el municipio de Ocozocoautla, a unos 50 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez; camino de regreso lo acompaña un joven de Malta, con quien hizo amistad por todas esas conexiones que se fueron creando con personas a lo largo del viaje, pues después recibiría a amigos de amigos en su casa.

Dice que antes que emprendiera el viaje hacia el sur ya colaboraba con el espeleólogo Paco Méndez; por lo tanto, tras su retorno a México, buscó de nuevo a quien llama su maestro de aventuras en la naturaleza.

Adrián Zenteno, con estudios en Administración Turística y Protección Civil, se marchó de Berriozábal en abril de 2017. Sentía que su vida se había tornado monótona.

Se montó en la motocicleta y partió rumbo a Tapachula con un mínimo de dinero. Prácticamente el primer tramo del viaje duró lo que la gasolina y el dinero que llevaba. Alcanzó a llegar a Tapachula, la ciudad fronteriza con Centroamérica.

Se empleó rápidamente en diferentes oficios durante un mes y retomó el camino con lo que pudo ahorrar. Atravesó Guatemala y se quedó varado en la frontera con El Salvador: no podía acceder al otro país y tampoco podía retroceder.

Estuvo todo el día hasta la noche en el lindero de ambos países, en la frontera Las Chinamas, Ahuachapán.

En el puesto fronterizo de El Salvador le decían que no podían dejarlo pasar por la motocicleta y del lado de Guatemala le decían que no podían aceptarlo de retorno porque ya le habían sellado de salida su documento.

Cayó la tarde y él se sintió muy solo.

Sonríe, sentado casi al borde del precipicio en la Sima de las Cotorras.

Hombre de 34 años, espigado, de barba cerrada y cabello lacio, lleva meses escalando y practicando rappel sobre altas paredes naturales en Chiapas.

Este día acompaña a Paco Méndez y a otras personas que han venido a conocer la Sima de las Cotorras, una profunda oquedad donde determinadas temporadas de año se puede presenciar el espectáculo de la llegada y salida de las cotorras, pero todos los días se pueden admirar las pinturas rupestres que se encuentran en las paredes.

Regularmente, realizan expediciones que duran días.

Han escalado paredes que alcanzan hasta los 500 metros, principalmente en el Cañón Río La Venta.

Se dice contento en su colaboración con Paco Méndez.

Foto: cortesía

Aquel 4 de octubre de 2017 se calzó las zapatillas de atleta e inició en la Cordillera de los Andes con la aventura que había despertado el interés de algunos patrocinadores y seguidores, principalmente colombianos.

Denisse, a quien había conocido un par de meses antes en Nicaragua, tomó el transporte con rumbo a la frontera de Perú y se paraba en cada pueblo por donde pasaría Adrián para esperarlo, medir los avances del día y tomar provisiones.

Y ahora que Adrián cuenta sobre esa travesía, dice que lo planeó casi por pura necesidad y de último momento.

No tenía recursos para costear el viaje juntos camino a Argentina, pero tampoco quería retornar a México.

Dice que ni cuando se quedó en los límites de Guatemala y El Salvador pensó en regresar a su país.

Esa vez estuvo durante horas esperando hasta que le cedieron el paso las autoridades salvadoreñas, pero sólo para que unos kilómetros adelante un grupo de personas le quitara la motocicleta.

Le salieron al paso y le ordenaron les endosara la factura de la motocicleta.

Ya sin motocicleta atravesó ese país hasta los límites con Honduras, donde una noche alguien lo llevó a una taquería para que diera su dictamen sobre unos supuestos tacos estilo mexicano.

Con una dieta con base en verduras y cereal, para acostumbrarse a la posible falta de alimentos en el camino, se forzó en comer unos tacos que sabían a todo menos a estilo mexicano. Temeroso ante el dueño del negocio tatuado hasta los dedos y que blandía un largo y ancho cuchillo, emitió su dictamen: son los mejores tacos estilo mexicano que he probado en la vida.

Esa misma noche buscó salir de Honduras.

Se ríe.

Foto: cortesía

Son las cinco de la tarde y la camioneta está por llegar a Berriozábal; Adrián Zenteno cuenta que una vez cruzó Ecuador vía cordillera estuvieron 15 días más en América Latina.

Para estar más tiempo juntos y pendiente del embarazo, terminaron por tomar camino a Malta, a la casa de los padres de Denise.

Tomaron el vuelo de Brasil a Alemania y de Alemania a Malta.

Tras varios meses en ese país europeo, decidió por retornar a México.

Padre de un niño de dos años, dejó atrás los recuerdos de las dificultades que tuvo en su camino por varios países de América del Sur y se trajo el de la gloria de haber atravesado Los Andes en Ecuador.

Hombre persistente -dice que con la disciplina todo se puede-, no descarta que algún día emprenderá de nuevo la ruta y llegará a Ushuaia, Argentina.

Quiere llegar a ese extremo de Sudamérica al que también se le conoce como el Fin del Mundo.