Con bolígrafo en mano y un enorme lienzo en blanco, prepara el terreno para la creación de una obra. Junta la percepción, determinación, disciplina y el talento como piezas de rompecabezas. Así es como trabaja el artista Alfredo Chamal.

Nacido en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, egresado de la carrera de diseño gráfico, Alfredo Chamal se ha posicionado como uno de los artistas de la época moderna más representativo de México en ciudades y países como Barcelona, Londres, Taiwán, Estados Unidos.

-¿Cómo empezó en la aventura del arte?

 Todo se remonta en la infancia de Alfredo.

Relata que desde niño el acto de dibujar siempre fue parte de él: en la etapa de jardín de niños se pasaba el tiempo ilustrando monstruos, criaturas de su propia imaginación, siendo la ciencia ficción su fuente de inspiración.

Entonces, ya más grande logró llamar la atención de sus amigos, quienes sorprendidos de su talento lo apoyaban en compartir sus dibujos con los maestros.

Como anécdota de esa parte de su infancia, Alfredo platica que era común que los docentes  llamaran a sus padres, creyendo que sufría algún daño psicológico, pero en realidad eran los medios de su inspiración, películas como Star Wars.

En la vida escolar, el gusto por dibujar seguía en él. De carácter distraído y un poco retraído siempre fue requerido por sus compañeros, quienes se peleaban por tenerlo en su equipo, la razón no podía ser más obvia: a él le gustaba ilustrar las cartulinas de las exposiciones y su creatividad era su mejor arma.

En algún momento divagó sobre su futura profesión: quería ser arqueólogo o dedicarse al cine, pero al no tener el don para la escritura, dictaminó que lo suyo era la parcela visual.

En la universidad, el dibujo se convirtió en un sentido más de su vida, mientras sus compañeros alardeaban con sus ilustraciones, él seguía con sus trazos: lo hacía con sinceridad, siendo él mismo, sin demostrar ni presumir a nadie. Durante esta etapa era habitual recibir comentarios que en cierta medida eran negativos. Pero sin importarle eso, siguió practicando, observando, analizando, entendiendo el mundo a su manera, creando una realidad en su mente.

-¿Y cómo fue su camino al estrellato?

Sin tener materiales de arte, sólo contando con artículos básicos de escuela, encaminado a lo que quería, decidió tomar un simple bolígrafo azul, algo tan simple, y empezó a crear algo nuevo, jugando con la habilidad natural de la pluma [la técnica parece bailar con el pensamiento conceptual, las sombras y las luces conviven en un manantial visual; donde había un lienzo blanco poco a poco se nota la presencia de un concepto].

La odisea artística se dio gracias a las redes sociales, porque un coleccionista en Guadalajara vio en él un arte nuevo.

La noticia no podía ser mejor.

Chamal con esto comprendió que existen personas que “consumen el arte al día a día”

Así fue como muchas puertas se le abrieron.

Poco después su trabajo sería observado desde el viejo continente: Alemania fue la siguiente parada para que más personas vieran su arte.

En Alemania  compartió reflectores con el artista mexicano Víctor Rodríguez, quien para Alfredo es su mayor referente en el arte.

Luego participó en galerías en Barcelona, Francia, Taiwan.

Ahora tiene cuadros  en diferentes partes del mundo.

Otra anécdota: la primera impresión del público es que las obras eran fotografías, pero entre más se acercaba notaba la técnica del bolígrafo.

La galería de Barcelona fue uno de los puntos culminantes. Cuando invitaron para una exposición, no lo pensó dos veces para aceptar.

Dice Alfredo Chamal que él ha dibujado lo que ha deseado.

También cuenta que le han  llegando invitaciones para exponer a futuro  sus obras en  lugares como Italia y Los Ángeles.

Señal que la travesía del artista Chamal continúa.