La necesaria magia de Alicia

De cómo Alicia Hernández retomó con sus 63 años su oficio de costurera y, mientras permanece confinada por la pandemia del COVID-19, ha dotado de cubrebocas a la gente

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Alicia-Hernández-Rodríguez

 ―Me quedaré haciendo lo que se pueda.

Responde Alicia Hernández Rodríguez, amable por teléfono.

Dice que anoche se durmió ya muy noche por sacar algunos pedidos. Pero se le escucha contenta y sin un dejo de cansancio.

Tiene 63 años y es profesora jubilada.

El confinamiento en los hogares a causa del COVID-19 hizo que retomara el oficio de costurera que ella hace años había dejado y heredado a una de sus hijas.

Alicia Hernández Rodríguez/ La necesaria magia de Alicia

La retomó más para desaburrirse que para ganar dinero.

En son de broma, dice:

Digamos que ahora soy empleada de mi hija, porque a ella le quedó el taller.

Ríe.

***

Finales de marzo.

En la radio, en la televisión, con los vecinos, escucha:

Pónganse cubrebocas, pónganse cubrebocas.

Modelo cubrebocas flores

En México ha iniciado la Jornada Nacional de Sana Distancia. Ya es pandemia mundial el COVID-19 y se escuchan de casos de contagios en el país.

Alicia Hernández, quien padece hipertensión, es una mujer que tiene muy precisa la diferencia en que a una persona le digan Quédate en casa a que ella diga Me quedo en casa.

Mas por el mal que padece, sabe que ella no debe salir de casa.

Te saca de contexto que te digan no salgas. Y más cuando te dicen no hagas esto ni lo otro o haz esto y lo otro.

Entonces, se puso a buscar retazos de tela.

―Es que sólo en la casa, uno se aburre, se estresa.

Encontró retazos y fabricó el primer cubrebocas. Hizo otro y otro. Eran para uso personal y para la familia. Luego vendió uno a uno de los vecinos.

A cinco pesos el sencillo.

―Ahora, con las telas ya no tiene el problema de aburrimiento.

***

De entre los retazos, Alicia Hernández Rodríguez encontró tela quirúrgica.

También consiguió magitel.

Combinó los materiales y fabricó más cubrebocas. Hizo paquetitos de 10 cubrebocas por 50 pesos.

Un muchacho, vecino, tocó a la puerta y pidió un paquete de 10.

Luego, a través de una de sus nietas, quienes la han apoyado también para promover los productos, colocó otros en el Mercado de Los Ancianos.

Se enteró que los cubrebocas que ella fabrica en ese mercado los venden a 10 pesos por pieza. Pero ella mantiene el costo de cinco pesos con los sencilllos.

Es de la cultura del esfuerzo y el emprendimiento.

***

 

Alicia Hernández se jubiló hace diez años.

Con alegría cuenta que, de sus tres hijos, la mayor es profesora, la segunda es licenciada en Turismo y el tercero es licenciado en Informática.

La meta era que ellos estudiaran ―dice.

Continúa que, así como se propuso que sus hijos alcanzaran una profesión y un buen trabajo, se esforzó en contar con su propia casa, en la colonia Penipak, en Tuxtla Gutiérrez.

Lleva 40 años viviendo en la capital de Chiapas.

Nació en el municipio de El Bosque.

Municipio libre ―precisa.

Lo abandonó cuando se casó con el padre de sus hijos. Una vez divorciada, ingresó como maestra de corte y confección en una institución de educación básica. Luego le concedieron unas horas más de trabajo en otro municipio cercano a la ciudad capital, pero tuvo que renunciar al ofrecimiento para tener tiempo de estar con sus hijos y llevarlos y traerlos a la escuela.

Así que se enfocó al oficio de la costura para tener los gastos de la casa.

Yo era modista― menciona.

Pero no tardó en ingresar de nuevo en otra institución como maestra de costura. Fue en una secundaria del estado, del municipio de Suchiapa. Ya de nuevo en el trabajo en una institución educativa, buscó capacitarse más.

Ingresó en 1980 en una escuela en San Cristóbal de Las Casas, adonde acudía los fines de semana. Pero una vez avanzada su capacitación, ingresó a mecanografía y luego a clases de computación, preparación que le sirvió para abrirse paso como maestra de mecanografía y computación en la misma escuela y en otra del municipio de Berriozábal.

Obtuvo una plaza laboral.

***

 

Diseños donas para el cabello

Cuenta que lo que ahora le ha dado mayor resultado y entretenimiento es hacer cubrebocas y donas para el cabello.

―Es que las necesidades de la vida hacen que uno vaya aprendiendo lo que uno quiere, y siempre hay que estar intentando.

Lo dice con la certeza de alguien plenamente convencido.

―Ahora tengo tres modelos de cubrebocas y ya tengo pedidos.

Sus palabras se oyen contentas.

―¿Usted ya conoce mis productos? ―inquiere.

Recuerdo lo que he leído, junto a unas imágenes de cubrebocas, en las redes sociales de su nieta Daniela:

Neta que welita es la prueba más clara de que cuando algo te late, lo secundario es el varo.

Mis nietas me ayudan a vender ―lo expresa con orgullo.

Ahorita tenemos muchos en el taller, hasta por encargo, lo que más nos sorprende es que mi abuelita es la única que está generando ingresos sin salir de casa, y verla motivada y activa se siente bien bonito.

Los diseños de Alicia

Desde que empezó ha vendido bastante. Eso platica. De hecho, también tiene un anuncio en la puerta de su casa. Sus hijos le dicen: No salgas, mamita. No sale y sigue generando ingresos desde la casa. Mañana tiene una entrega de 60 cubrebocas, unos de cinco pesos y otros de 10. Ya envió las fotos de los productos a los clientes y les encantó. Pero esta tarde de lunes ya tiene empaquetados 80. Y ya trabaja en otros.

Anoche se durmió entre las 11 y 12.

Me dormí tarde, pero ya estoy trabajando en el pedido de mi otra nieta.

Dos nietas la están ayudando en las ventas.

***

 

―¿Usted se queda de nuevo con su oficio?

Me quedaré haciendo lo que pueda hacer con la tela ―responde.

Dice que ya empieza a fabricar unas almohadillas para personas en terapia intensiva. Y luego, si termina lo de los cubrebocas, verá que otra cosa podrá fabricar

―A veces uno dice no me gusta este oficio, pero poco a poco con la paciencia uno le va encontrando el gusto.

―¿Es su mensaje?

Hay que entretenerse y buscarle para no estresarse, buscar en qué ocuparse. Soy muy útil y tengo mucha energía para hacer cosas.

Y lo está haciendo con la tela.

―Lo de hacer con tela es una magia.