Jere XII

El niño que perdió su mundo

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Jere-capítulo XII-SolesteView/Diseño Jhony Galván

 

-Que una mujer parecida a ella han visto en distintos pueblos –dijo el abuelo.

Cuentan también que años después de que marcharan alguien se topó con la mujer en uno de los caminos de la parte baja. Que llevaba una morraleta, unos trastos de cocina y unas escobas nuevas.

Que ha venido al pueblo a ofrecer algunas cosas y que ha comentado que dentro de poco hará una fiesta grande, que será el cumpleaños de su hijo. Que le gustaría invitar a toda la gente.

En cuanto escuché que el abuelo dijo algo de fiesta grande recordé que la mujer del gato me había comentado algo parecido, de que estaba en los preparativos.

Pero mientras escuchaba que el abuelo seguía hablando de la mujer alta, ancha y de trenzas largas que últimamente había frecuentado el pueblo, yo seguía pensando en el gato.

Lento, de reojo, sin que el abuelo notara que prestaba atención a otras cosas, me fijé en las lucecitas brillantes que se notaban entre las cañas del cerco de la cocina.

Vi parpadeos.

El abuelo hablaba de que recientemente la mujer había obsequiado con una escoba en una casa, que con un trasto a una familia, que con unos frutos del campo en otra casa.

Me reproché de no haber cuidado bien del gato, mejor dicho, de que se haya escapado.

Contaba el abuelo que se decía que la mujer andaba contenta, que anunciaba la fiesta.

Resolví atrapar al gato para traerlo de regreso. Viré hacia las miradas tras el cerco y no encontré más que oscuridad profunda.

Imaginé la multitud de gatos agazapados en el patio o desplazándose en la vereda hacia el río. Recordé lo cerca que había estado de la manada cuando bordearon aquel gigantesco tronco del árbol a orillas del río y se detuvieron frente a un amplio pero escondido agujero. De cómo el minino atigrado movía la cola como invitándome a seguirlos.

Me dije que al día siguiente iría a buscarlos.

 

*Continúa…

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