Jere I

El niño que perdió su mundo

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Jere/ Diseño Jhony Galván

Hay un mundo fantástico, y quien opine lo contrario jamás tuvo infancia.

–¿No me crees? –me inquirió esa tarde Jere.

Jere era parte de una comunidad que prácticamente desapareció con la erupción del  volcán Chichonal en las montañas del norte de Chiapas en 1982.

Lo encontré hará menos de un año en la ciudad, tras muchos años sin verlo. Algo avejentado, pese a no tener aún el medio siglo de vida, propuso seguir con la plática en un café.

–Me veo así porque he vivido mucho – dijo como una manera de abrir la conversación.

Nos reímos.

Hablamos brevemente de cómo le ha ido a cada uno en la vida, de los hijos y de pronto la plática se centró en la erupción del volcán; mejor dicho, en la desaparición del pueblo de donde era él.

Esa noche del 28 de marzo, estallidos, lluvia de arena, piedra pómez, terremoto, hombres mujeres niños jóvenes escondidos en un templo por si se salvaban, oscuridad, casas caídas, desierto de arena, la calma repentina del volcán, huida en la madrugada del 29. Pero el 3 de abril, en la tarde, lo definitivo: la explosión.

El fuego calcinó todo.

Silencio. Jere bajó la vista; noté su mirada en lo oscuro profundo del café.

–¿Cómo es que se llamaba tu pueblo? –quise sacarlo del ensimismamiento.

No respondió. Creí que no había escuchado, pero de repente:

–No sólo fue el pueblo.

–Sí, claro, fueron varios.

–No, no; no hablo de eso.

Y como callé al no saber qué decirle, fue el quien rompió de nuevo el silencio que se había impuesto en la mesa.

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