Tuxtla Gutiérrez, Chiapas-. Adrián Gordillo, es fundador de la Barbería Conejo Malo, una barbería de concepto urbano que ofrece los servicios de corte de cabello y cuidado facial, al público masculino del nororiente de la ciudad.
Destacan en él tres aspectos, lo ameno de sus charlas mientras te atiende, el concepto de su negocio que busca recrear la “guarida” de un hombre joven, y los servicios de tratamiento facial que acompañan el corte.
La barbería obtiene su nombre de su alias de juventud, -¿en inglés?- le pregunto, acostumbrado a los anglicismos en nuestra sociedad moderna; -¡No, eso sonaría terrible!-, exclama con una carcajada, mientras me explica la mística del mismo.
Le dicen Conejo Malo por un tatuaje que posó en uno de sus brazos cuando era joven; el tatuador, supo interpretar la idea de Adrián de integrar el Cañón del Sumidero en la silueta de un conejo.
En donde inicia el corte
Inició como cajero de una barbería de renombre y pronto pasó de barrer los restos de cabello; a mostrar interés por el noble arte de dar estilo a la caballera masculina.
En sus tiempos libres, fue aprendiendo de alguien que fungió como su maestro; hasta que este lo consideró apto para ser evaluado. Cuándo obtuvo el visto bueno de la clientela, se le reconoció como barbero.
-No siempre te consideras preparado-, menciona, -hay tantos estilos y técnicas por aprender, por lo que es necesario actualizarse-. Más tarde se tuvo que separar de su maestro y aunque probó suerte en otros lugares, se consideró lo suficientemente preparado para llevar su propio negocio.
Cambiando estilos
Con lo ahorrado abrió su barbería al oriente de la ciudad, hizo clientela pero el alza en la renta empezaba a desequilibrar las cosas; por lo que volvió al Barrio San Francisco, su punto de origen, para colocar su nuevo negocio.
Todo iba viento en popa, la familia y los amigos de la infancia vivían cerca, por lo que los clientes estaban más que asegurados; la renta era aceptable y el ritmo de trabajo era cómodo; todo marchó bien hasta la pandemia.
-Tuve que reinventarme, ofrecer mis servicios a domicilio y usar las redes sociales para publicitarme, funcionó para los gastos básicos, pero tuve que cerrar el negocio-. Expresa con un dejo de melancolía.
Un día, varios meses después, iba a dar un servicio en una colonia al oriente de la ciudad, cuando notó un detalle importante; en aquel lugar había un local en renta, con buen tránsito y poca competencia. Aquel espacio sería su nuevo local.
Cuidado masculino
Como iba a dirigido al público masculino decidió mostrar una imagen acorde a este segmento, colocó imágenes frescas, ambientó con música urbana, adornó con iluminaria de cervezas y remató el logotipo con su propio tatuaje.
-Los clientes empezaron a llegar, pero quería añadir algo más; en algunas barberías se preocupan mucho por el cuidado masculino; hay tratamientos de barba, bigote y rostro; decidí traer esto a mi negocio pero a un precio accesible para mis clientes.
Pronto publicitó un nuevo servicio, la aplicación de mascarillas, tratamiento y cuidado facial; no se dio cuenta sino hasta después, que había polarizado a sus propios clientes. El público juvenil respondió positivamente al nuevo servicio pero el público maduro empezó a alejarse.
Cortando esquemas
-Poco a poco, empecé a entender a los clientes que se habían alejado, y tuve que buscar estrategias para recuperarlos.
-Los jóvenes vienen en la mañana y en la noche, desean estilos frescos y tratamientos que cuiden su piel, les gusta la música y la plática moderna; los caballeros, vienen en la tarde, luego de la «chamba», buscan cortes clásicos, música tranquila y un tratamiento no tan disruptivo.
Las tendencias cambian, los gustos se actualizan, y en una sociedad en constante movimiento; hay que generar estrategias para que algunas modificaciones no alejen a nuestros clientes.
▶ Puedes visitar la Barbería Conejo Malo, en el Fraccionamiento Colinas del Oriente, a media cuadra de la Calzada al Sumidero, o contactarte con Adrián a través de facebook.