Jere VI

El niño que perdió su mundo

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jere_capítulo6-Solesteview Diseño Jhony Galván
jere_capítulo6-Solesteview/ Diseño Jhony Galván

 Jere se reacomodó sobre la silla. Se enderezó la espalda.

―¿Cuántos años es que tenemos?

Su pregunta no obtuvo respuesta. Miré hacia las otras mesas, ya eran otras las personas sentadas en algunas.

El de la mesa contigua se ocupó en algo vago pero atento al reinicio de la historia. Vi que sonreía ligeramente.

Volví la vista hacia la cara de Jere. Es como si coexistiera un rostro de ligeras arrugas con otro infantil. Por ratos, en la sombra, se veía niño.

―Te decía que sentí una sacudida con lo que me dijo mamá.

―Sí, luego de que los gatos mataran los pollos.

Mamá estaba convencida que los gatos llegaron a la casa en busca del otro gato, pero no fue eso lo que me sorprendió.

Me espanté más cuando comentó que al escuchar el alboroto de las gallinas pasó a revisar el cesto de debajo de la cama antes de salir al patio, pero ya no estaba el gato, se había ido.

Sentí frío.

Mamá insistió en que el gato se fue mucho antes que ella moviera el cesto. Que con una vara movió y giró el canasto y nada. Todo estaba limpio y ni había señas de que el animal había pasado la noche encerrado bajo la cama.

Guardé silencio. Creí que mamá estaba adelantándome lo que pensaba hacer con el minino: que lo que en verdad quería era liberarlo, pero de repente escuché la voz de mi hermana desde la puerta de la cocina.

―Se escapó el gato.

Y cuándo la interrogué con la mirada.

―Que te diga mamá, si hasta le dimos vueltas al cesto.

Recordé la mano ancha y voluminosa que había sentido apenas había deslizado la lagartija de dos colas.

Hasta creí oír que ronroneaba.

Mamá notó algo en mí, que de inmediato se exculpó: Hijo, no me gano nada con decirte mentiras. Si quieres, ve, revisa tú mismo.

A punto estuve de decir que me constaba que había algo atrapado en el cesto y que sí, era cierto, no era el gato.

Callé.

Abandoné el patio, pero ya no entré a la casa por la cocina sino por la puerta principal. Mi cama quedaba al fondo en una esquina.

Cogí una vara para usarla como palanca. No quise meterme debajo de la cama y tampoco acercarme mucho.

Pero apenas medio levanté el canasto salió despavorido el primer gato, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto…

Eran muchos.

Cuando reaccioné una vez que salió el último, corrí afuera de la casa por si alcanzaba a ver el camino que habían tomado.

No vi más que una cola que ya se perdía en el monte.

Y allá fui.

 

*Continúa

Nota: Tras este capítulo Jere se ausentará por unos días y estará de vuelta con usted el próximo lunes.

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