Hagamos think thanks ante la pandemia

Un texto en primera persona de la inspiradora Sandra Edith Vázquez Salazar, quien no deja de emprender y proponer grupos para pensar y buscar soluciones en medio de la emergencia sanitaria

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Sandra Edith Vázquez Salazar/Foto cortesía

Mi nombre es Sandra Edith Vázquez Salazar. Soy de un pequeño poblado a 59 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez: Soyaló.

En febrero, cuando comenzó lo del COVIT-19, comencé a investigar todo lo que podía sobre el virus: maneras de protegernos, cuidarnos, alcances, salidas. Una vez que supe todo lo que tenía que saber, me puse cómoda, me mentalicé que tenía que resguardarme por amor a mis semejantes y familiares y tomé la decisión que no saldría de esta pandemia de la misma manera en la que entré. Sabiendo que el cierre de muchos negocios traería grandes estragos, dediqué mi tiempo a la investigación.

Un día le hablé a un tío, a quien amo con todo mi corazón, y le dije: quiero cocinar para ti y tu familia, si me permites voy a tu casa, sólo entro a la cocina, te cocino y me salgo, no tienes qué convivir conmigo. Me contestó que no era necesario, que ellos compraban comida los fines de semana, que hiciera eso y ellos me compraban. Me encanta la cocina tal y como la conocí en Estados Unidos; parte de mi preparación en el país del norte fue en la industria de la Hospitalidad, que incluye restaurantes, centro de convenciones, hoteles. Así que le presenté varias opciones, un menú, y pues el resto es historia. Otras personas comenzaron a decirme que por qué no lo hacía de manera formal, así que comencé a cuajar la idea: todos estamos encerrados, los restaurantes están cerrados.

Decidí crear el concepto de Restaurante desde tu casa, donde la intención es que cada fin de semana se presente un menú diferente, en todos los aspectos. Una semana puede ser italiana, otra china, otra del sur de Estados Unidos, otra costeña. La cocinera es la dueña, a quien le importa el sabor, el trato, la calidad, la limpieza y en estos días el cuidado sanitario. Sólo tengo un platillo por día, porque por la contingencia no quiero meter a alguien que no tenga los mismos cuidados de higiene y salud que yo tengo. La mayoría de las veces yo reparto, y si son muchos en lugares distintos, contrato a un servicio de entregas que sigue las mismas normas sanitarias que yo.

De lunes a jueves hago mis investigaciones. Estoy trabajando en una propuesta económica. Si bien es cierto que nuestro estado no estaba muy bien desde hace 12 años, este sexenio, después del CORONAVIRUS, presenta retos muy diferentes. Las arcas del gobierno estaban muy golpeadas desde hace ya bastante; los empresarios, pequeños contribuyentes y visionarios, muchos de ellos arrastrando deudas de antaño por falta de pago y de obras o circulante. Es mi convicción más profunda que el gobierno no nos va a sacar de esta crisis, y nosotros como empresarios no podemos quedarnos con los brazos cruzados, tenemos que ver hacia afuera.

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Crecí viviendo con la bisabuela, los abuelos, tíos y tías y, por supuesto, mis padres y hermanos. La familia era parte comerciante, parte filantrópica, política y lo que más resaltó, la docencia: los abuelos eran maestros.

A mis ocho años, toda la familia se mudó a Puebla, porque a los abuelos les dieron su cambio para allá. Todos nos fuimos en el camión de mudanzas a seguir el rumbo del profesorado rural.

Mi padre no “se halló” con el frío y nos regresamos mi madre, mis hermanos y yo a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Pocos años después los abuelos se regresaron y todos nos quedamos en la capital del estado.

Una parte singular de la familia era la música: todos tocábamos algún instrumento o cantábamos como parte de la iglesia. Cuando tenía 15 años la familia formó una rondalla, íbamos de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de iglesia en iglesia tocando y cantando. Yo era la única mujer del grupo y tocaba el tololoche.

En una de esas veces vino de visita a México un líder internacional de la denominación religiosa a la que asistíamos, nos escuchó cantar y nos invitó a una gira por Estados Unidos. Nos invitó dos o tres veces más y en la última me invitó a quedarme a estudiar allá y vivir con su familia. Acepté quedarme y logré hacer una vida exitosa allá por 21 años.

Durante esos años estudié, me preparé en todo lo que pudiera. Mi idea era regresar a mi tierra, ayudar a mi gente con lo aprendido en una nación de primer mundo. Estudié la carrera de Liberal Arts, que es una carrera en Humanidades, en la que se aprende las bases para funcionar en cualquier quehacer humano. Con esa carrera uno puede incursionar en la especialización de cualquier área, a diferencia de muchas otras.

Tengo una licenciatura en la Industria de la Hospitalidad. Uno puede hacer carreras “pequeñas” (minors), de esas he hecho Arte, Economía. Cursé una Maestría en Administración de Empresas. Tengo especialidades en Liderazgo, Administración, las cuales estudié bajo los hombres más prominentes de aquella época y que todavía siguen causando ruido.

Durante mi estancia en Estados Unidos fui fundadora del segundo periódico bilingüe del Área Metropolitana de Kansas City. Fue un evento tan singular, que me sacaron en primera plana del periódico más reconocido de la ciudad en la sección de negocios. Salí en todas las noticias locales de la TV. Fundé el primer programa de radio en español en una radiodifusora anglosajona y que sólo transmitía en inglés. Fui parte de un programa de televisión hispano que se transmitía por cable, en el que comencé de camarógrafo y terminé de presentadora. En la última etapa de mi estancia en el extranjero trabajé como intérprete simultánea en las cortes federales de los estados de Kansas y Missouri. También he traducido un promedio de 17 libros, incluido sobre los zoques de Tuxtla.

Regresé a mi tierra hace aproximadamente 15 años. Estuve trabajando para un colegio técnico del estado, en el que parte de mi trabajo era proponer innovaciones para el profesorado, en el área de fortalecimiento docente. Pusimos en marcha un programa famoso en el país del norte, el Spelling Bee, que resultó ser muy exitoso en esa institución.

Hace aproximadamente dos o tres años, como parte de la política de Donald Trump comenzó en Estados Unidos la repatriación o deportación de los mexicanos ilegales hacia México. El presidente de México, en un intento de no dejar atrás a los jóvenes o adolescentes, instituyó el programa Educación sin Fronteras, que fue ejecutado por el Instituto Chiapaneco para la Educación de Jóvenes y Adultos (ICHEJA, del cual fui parte. En un lapso de cinco meses el Instituto convirtió el programa en el más exitoso en el país, por sobre otros estados, ocupando el primer lugar.

Como dije en principio, parte del legado que me dejaron mis abuelos y bisabuelos fue docencia y comercio. Recuerdo que después de un año de estar en el extranjero regresé y traté de poner un negocio de segunda mano. Eso fue hace 35 años. Pero no fue sino hasta hace 10 años que esa tendencia ha venido a ser muy popular entre la población chiapaneca. Desde hace apenas unos años he visto surgir tendencias y visiones que yo estudié hace 20, 25 años. Por ejemplo, he comprobado que comparados con el país vecino estamos 14 años atrás en el tema educativo. La docencia y el comercio siempre los he traído a flor de piel, y parte de las enseñanzas que recibí me han ayudado a ver posibilidades que de otra manera no las hubiera visto.

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Es momento de unirnos, de dejar de pensar que yo voy a amolar al otro, de ver a quien daño más, y darnos cuenta que lo que le pasa a uno, le pasa al otro. Este virus nos ha dado una gran lección de vida: pensábamos que, porque estaba en China, Italia, Estados Unidos no nos afectaría a nosotros.

Esta pandemia ha presentado un nuevo paradigma, un hacer y un quehacer diferente de las cosas, en educación, en comercio, en familia. Si la tecnología ya de por sí se veía venir con una gran fuerza, esta contingencia ha hecho que las cosas se aceleren y si no estábamos listos para lo otro, menos estamos listo para lo de ahora. No podemos quedarnos con los brazos cruzados. Tenemos que hacer alianzas, grupos de apoyo. Tenemos que ver cuáles son nuestras fortalezas como pueblo, como cultura, como ciudad. Tenemos que hacer think-tanks, grupos para pensar, compartir ideas, soluciones; para hacer propuestas.

Los países de primer mundo han sobresalido en los desastres, en los peores momentos. Durante la gran depresión en Estados Unidos de hace 100 años resurgieron grandes empresas, grandes negocios que sobreviven hasta el día de hoy: Hersheys, las tiendas de Dollar Store, Sam´s club, Kentucky Fried Chicken, McDonnald’s. ¿Quién no ha oído hablar de esas empresas? Ellos surgieron con éxito en la adversidad, con propuestas visionarias. Así que es hora de ponernos nuestros sombreros para pensar, tener la humildad para decir no sé cómo hacerle, ¿se te ocurre algo?

No podemos salir igual de como entramos a esta pandemia. Tenemos que salir mejores: mejores negociantes, mejores empresarios, mejores ciudadanos, mejores seres humanos. Lo mejor está por venir. Tenemos que sacar nuestro fua y hacer de Chiapas un mejor estado. Nadie más lo hará por nosotros.