¡Es la pochota! ¡Es la muerte!

Con motivo del Día de Muertos, una mención a las criaturas raras y fantásticas relacionadas con la grande sombra del árbol milenario conocido como la pochota

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Crecí escuchando relatos sobre las pochotas y seres sobrenaturales.

Mejor dicho, ceibas.

Mi infancia lo viví en un pueblito que lo embellecen cuatro gigantescas ceibas que permanecen verdes todo el año y en temporadas de lluvias, ya pocas últimamente, dan la impresión de que hacen rabiar al de los truenos en sus copas.

Porque eso sí, vengo de un pueblo donde ha habido gente que siempre creyó que este mundo se divide en varias dimensiones y que uno de los atajos para llegar a cualquiera es el árbol de la pochota.

De esa manera empezaron a hablarme de un lugar de los muertos y de oscuridad, de otro más paradisiaco donde puedes jugar con tesoros pero que no te los puedes llevar y de éste donde uno puede imaginarse los otros.

Te decía que en mi pueblo hay cuatro ceibas.

El más verde y frondoso es el que cobija el panteón.

El más golpeado, que se levanta en campo abierto, ha funcionado como pararrayos. Un día lo vimos arder cual cirio de muertos en medio de la tormenta, con una gran rama desgajada.

Pasando la lluvia, de esa rama salieron muchos tercios de leña.

Ah, ¿si qué pasó con las otras ceibas?

Éstas son más grandes que las otras, muy diferentes: una es de pocas ramas, pero éstas podrían servir para que no pocas personas se paseen sobre ellas en lo alto sin temor a que se caigan; y la otra, la que se le conoce como la principal, es como de esos arbolitos, pero en gigante, que en la primaria enseñan para bosquejar un árbol genealógico. Pero en éste cabrían las ascendencias y descendencias de una persona por millones de años.

Y con el tiempo, de tanto escuchar relatos sobre duendes, sombras y animales raros que cada medianoche venían de donde la pochota y tomaban las calles y corrales del pueblito para marcharse antes del amanecer, a ese árbol más grande lo llegué a imaginar como todo un universo de fauna, que ante cualquier sacudida en pleno día podría hacer llover raras y fantásticas creaturas que se encontraran en pleno sueño.

Qué derecho tenían de dormir si a uno lo privaban del sueño.

¿Y si no descansaban sobre y entre las ramas?

Una gran oquedad se abre en el tronco de la pochota.

Alguien creo quiso salir de dudas, porque de repente apareció chamuscado el agujero, pero el árbol siguió verde y desparramadas sus ramas, sus sombras y su imponencia en amplia extensión.

Esa pochota sigue siendo cada noche la profunda oscuridad misma en las orillas del pueblo.

Allí, es el camino, se ha dicho.

En la pochota.

En Tuxtla Gutiérrez se dice en la pochota de la salida.

En la salida poniente de la capital de Chiapas hubo dos pochotas. El último, murió poco a poco hasta que quedó en troncos aserrados.

Se había secado.

Ora, hay un pequeño jardincito con un monumento en el lugar donde estuvo el árbol milenario.

Pero aún se dice: En la salida de la pochota.

¿Que si dónde?, en la salida de la pochota; ¿que lo detuvieron?, en la salida de la pochota; ¿qué murió?, en la salida de la pochota; ¿que lo atropellaron?, en la salida de la pochota: ¿que accidente?, en la pochota.

Alguien, en Terán, un pueblo cercano al lugar, dice la pochota de Tuxtla se cobra vidas. Y como sustento de su argumento cita los múltiples accidentes automovilísticos que se han registrado en el lugar.

En su momento, las autoridades han relacionado más el tema con fallas mecánicas en las que abona la bajada para acceder a la ciudad, pero este hombre grande de edad le atribuye a la pochota un poder sobrenatural.

Dice que una de esas dos pochotas se está cobrando vidas.

―Es que muchos vehículos han perdido el control al pasar por ahí ―comenta.

Y otras personas cuentan:

―En las noches aparecen sombras que caminan por la zona.

―Son esas ánimas que no han encontrado la paz.

Esta zona pertenecía a la antigua finca la Trinidad. Había dos árboles de pochota de extenso ramaje.

Esos árboles, a los que los mayas les conceden poderes mágicos, eran un símbolo popular entre los hogareños.

Y siempre los consideraron bajo esta frase, si cuidas al árbol él te cuidará; si lo descuidas, las consecuencias vendrán.

Los dos árboles de pochota desaparecieron con el paso del tiempo, y lo más curioso es que uno fue impactado por un rayo, como si alguien descargara su furia sobre un acto que estaba prohibido hacer.

El del relato cree que con eso comenzó una etapa, que el árbol se desquitaría con la vida de las personas.

En 2017 dos autobuses se involucraron en un accidente con decenas de heridos y un muerto. Falla en los frenos, se dijo. Después, una persona detuvo su auto por motivos singulares, pero al salir de su vehículo para revisarlo no se percató que se acercaba un autobús con pasajeros. Recibió el impacto del camión. Pero uno de los accidentes más impactantes ocurrió en 2018: un tráiler perdió el control debido a una falla en los frenos y se salió del carril. Se llevó puestos de alimentos y vidas humanas: siete muertos, incluidos menores.

―Es la pochota ―escucho la voz.

―Es la muerte ―musito.

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